Efecto EspejoÁngel Miguel Blanco
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Quería hablar de cosas importantes, del cumpleaños de Manuel Añorve, este sábado 15 de mayo, que fue todo un acontecimiento con sus más de 10 mil concurrentes de todo el estado y, de paso, marcó la señal verde que la clase política del estado, no sólo la priísta, aguardaba para confirmar quién sería el rival de la aún indefinida coalisión PRD-PT-Covergencia. Pero oh, odioso destino, un panfleto que mi perro Fundilloloco hubiera hecho mejor cambió el giro de tantos temas que hubierámos comentado.
Tras de una minuciosa consulta con compañeros y los mil demonios que nos asesoran llegamos a la conclusión de responderle a una mujer –si así puede llamársele, aún conteniendo los adjetivos que bien pudieran identificarla– que de la noche a la mañana halló cobijo en el periodismo auspiciada por su pareja sentimental, que no obstante sus problemas con las drogas, los autos robados, el alcohol y hasta complejos viriles causados por su propia mujer, aún lo considero un buen amigo “entrañable” –el entrecomillado es mero trámite; se ve bonito– y compañero de oficio, porque tenía tiempo que el respeto era el factor comun entre ambos, hasta que esta mujer, de cuyo historial mejor lo dejamos a la imaginación, por cuestión de caballerosidad, no de falta de ganas por responderle sin medias tintas, lo idiotizó y lo involucró en las difamaciones, calumnias, blasfemias, que en susodicho panfleto distribuido durante el onomástico de Manuel Añorve, dice en contra del autor de esta columna.
No obstante que la alusión es solo como “vocero” del síndico de Administración Alejandro Porcayo Rivera, contra quien descargan ambos su furia porque no son correspondidos con el embute de 12 mil pesos mensuales que le exigen, quisimos averiguar si la simple alusión era contra Angel Miguel Blanco, director general de Efecto Espejo.com, lo que quedó corroborado con la furia hezquisofrénica de dicha mujer autora de dicho escrito bautizado como “Boletin informatuvo, veraz y oportuno”, del cual el áun indiciado Juan Armando Villanueva Ramírez, según la causa penal 357/2010 presentada ante la agencia del ministerio público por robo de vehículo, funge como director ejecutivo.
No conforme con tomarme fotografías la histérica mujer me advirtió que con ella no se juega, que no le reclamara o amenazara de nada, que me iba a juntar a su gente y que yo no “conozco” a la gente que la respalda ni con quién estoy tratando (n’omás no me vaya a levantar ni asesinar por la espalda), y que iba a convocar a una rueda de prensa con el síndico Porcayo porque ya “estaba hasta la madre” de mis “boicoteos” en la sindicatura de Alejandro Porcayo, y que allí le iba a decir al síndico que a sus espaldas, con “santo y seña” (palabras de Armando Villanueva) hablo mal de él y de todo lo que se firma y no se firma en esa oficina, así como los pregones de que en esa sindicatura Ángel Miguel Blanco también manda.
¡Plop! Me quedé como Condorito. Dudo que el síndico Porcayo “necesite de bules para navegar” o sean tan infantil como para permitir que le anden hurgando sus papeles en su ausencia… y sobre todo un periodista maquiavélico, perverso o hijo de la chingada como el autor de estas líneas.
En lo personal estaría más que fascinado si esta “mujer” juntara a todos sus “periodistas” que dice aglutinar o representar para exhibirme con Alejandro Porcayo, a quien le agradezo su amistad, algo de respeto y un gajito de confianza–no su confianza plena, porque es un hombre en suma desconfiado, hay que decirlo–, pero de antemano aclaro que no me he ganado la confianza plena del síndico Porcayo como para que me nombre vocero o de perdida asesor de su sindicatura, de lo contrario –hay que decirlo también, con valor civil– no estuviera en ayuno publicitario desde hace 9 meses, pero me enseñaron a maquillar la crisis, a dar siempre la mejor sonrisa aunque por dentro nos esté cargando la chingada. (En contraparte, “señora” aprendiz de Serlock Holmes, las nóminas se consiguen en Gobernación o en la jefatura de Recursos Humanos hasta por 50 pesos, como dice Miguel Ángel Hernández Albarrán, no en las sindicaturas; dudo que don Alejandro Porcayo esté demente como para entregar, siquiera, al más allegado de sus confianzas documentos tan delicados como las nóminas o listas de rayas que usted dice consigo en esa sindicatura, y menos a un periodista.)
–¡Ilumínalos, Dios, también son tus hijos; medios pendejos, pero al fin hijos tuyos, también!
Y, por cierto –hay gente que no sólo para investigar, sino hasta para chingar es rependeja-, soy mexicano hasta la “ñonga”, como dice don Armando Villanueva, y no guatemalteco, como han querido repatriarme algunos de mis detractores colegas; y que serlo sería un orgullo porque Guatemala es cuna de hombres ilustres como México. Afortunadamente me parieron en la Costa Grande de Guerrero, y si hay algo que detesto no son las acciones de putas de lavadero ajeno, descerebradas, acomplejadas, con aires de chingonas [porque hasta eso: hay muchas de estas de respeto, que ejercen su profesión con estilo, rango y calidad, lástima que la idiosincracia y el prejuicio les asignó tan denostante adjetivo], sino a las viejas argüenderas que se olvidan de sus legítimos oficios y se meten de “periodistas” porque aquí con solo tener verbo, un par de nalgas, pachacas, guangas, hediondas, mugrosas, pero al fin nalgas, cualquiera se hace millonario…
Bueno, eso dicen “muchas” a las que adiestraron “muchos” representantes de “El Fantasma de las Costas”, “Radio Chayote” o “TVyTechinga”, que traen sobre los hombros una mochila, una cámara y una grabadora (aunque sin pilas) para asaltar o estafar a cuanto “inocente” se le cruce por el camino.
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