Acusación sobre Giordano Bruno

Mario Alfredo Salazar Almenara
E-mail: salazaralmenara@hotmail.com
www.efectoespejo.com

http://www.tomasabraham.com.ar/cajadig/2007/images/nro12-2/giordano_bruno.jpgLa    acusación entablada contra él por Mocenigo,  dice así:
“Yo, Zuanio Mocenigo, hijo del muy ilustre señor Marco Antonio, pongo en vuestro conocimiento, reverendísimos padres, por impulso de mi conciencia y mandato de mi confesor, que oí decir muchas veces a Giordano, conversando con él en mi casa, que era blasfemia afirmar la transubstanciación del pan en carne; que no le satisfacía ninguna religión; que era contrario a la misa; que Cristo era un pobre hombre cuyas perversas obras para seducir a las gentes justificaban su crucifixión; que en Dios no puede haber distinción de personas, so pena de tenerle por imperfecto; que el mundo es eterno y que hay infinitos mundos que Dios crea continuamente, porque puede hacer cuanto quiere; que Cristo hizo milagros tan sólo aparentes, pues era mago como lo fueron los apóstoles, y que él, es decir, Bruno, tiene poder sobrado para hacer más de cuanto ellos hicieron; que Cristo repugnaba la muerte é hizo cuanto pudo para evitarla; que no hay castigo para los pecados, y que las almas creadas por obra de la naturaleza pasan de un animal a otro; y que así como los brutos animales han nacido de la corrupción, así también los hombres han de nacer otra vez después de morir.

“Ha expresado Bruno su deseo de propagar una secta con el título de Nueva Filosofía. Dice que la Virgen no pudo haber parido sin dejar de serlo y que la fe católica está llena de blasfemias contra la majestad de Dios; que los frailes han de ser despojados de sus bienes y del derecho de controversia, porque corrompen el mundo y son unos borricos en todas sus opiniones; que los católicos no tenemos prueba alguna de que nuestra fe sea meritoria a los ojos de Dios; que el no querer para los demás lo que no queremos para nosotros es suficiente a la buena conducta, y que se ríe de los demás pecados y se admira de que Dios consienta tantas herejías en los católicos. Dice que quiere dedicarse al arte de la adivinación y lograr que todo el mundo le siga; que Santo Tomás y todos los doctores de la Iglesia, nada saben comparados con él, pues podría preguntar a los más insignes teólogos del mundo cosas a que ninguno fuera capaz de responder”.

A esta acusación respondió Giordano Bruno con la siguiente profesión de fe, idéntica a la de los antiguos maestros:

“Creo que el universo es infinito como obra del divino é infinito poder, porque hubiera sido indigno de la omnipotencia y de la bondad de Dios crear un solo mundo finito pudiendo crear, además de este mundo, infinitos otros. Por lo tanto, declaro que hay infinitos mundos parecidos al nuestro, el cual, de acuerdo con el sentir de Pitágoras, creo que es una estrella de naturaleza análoga a la luna, a los otros planetas y demás astros, cuyo número es infinito, y que todos estos cuerpos celestes son mundos innumerables que constituyen el universo infinito en el espacio infinito, y esto es lo que llamo universo infinito con innumerables mundos; y así tenemos dos linajes de grandeza infinita en el universo y una multitud de mundos. Esto parece a primera vista contrario a la verdad, si se compulsa con la fe ortodoxa.” Además, en este universo hay una providencia universal por cuya virtud todos los seres viven, se mueven y perseveran en su perfeccionamiento. Esto lo entiendo en dos sentidos: primero, a la manera como el alma está en todo el cuerpo y en cada una de sus partes, a lo que llamo la naturaleza, sombra o huella de la Divinidad; y segundo, a la manera como está Dios en todo y sobre todo, por esencia, presencia y potencia, no como parte ni como alma, sino de modo inefable.

“Además, creo que todos los atributos de Dios son uno solo y el mismo. De acuerdo con los más eminentes teólogos y filósofos concibo tres atributos principales: poder, sabiduría y bondad, ó, mejor dicho, voluntad, conocimiento y amor. La voluntad engendra todas las cosas; el conocimiento las ordena; y el amor las concierta y armoniza. Así comprendo la existencia de todas las cosas, pues nada hay que no participe de la existencia ni ésta es posible sin esencia, de la propia manera que nada es bello sin belleza, y por lo tanto nada puede escapar a la divina presencia. Así es que por raciocinio y no por verdad substancial entiendo distinción en Dios.”

“Creo que el universo con todos sus seres procede de una Causa primera, por lo que no debe desecharse el nombre de creación a que, según colijo, se refiere Aristóteles al decir que Dios es aquello de que el universo y la naturaleza dependen. Así es que, según el sentir de Santo Tomás, sea o no eterno el universo, considerado en razón de sus seres, depende de una Causa primera y nada hay en él independiente.”

“Con respecto a la verdadera fe, prescindiendo de la filosofía, ha de creerse en la individualidad de las divinas personas, y que la sabiduría, el Hijo de la Mente, llamada por los filósofos inteligencia y por los teólogos Verbo, tomó carne humana. Pero a la luz de la filosofía, dudo de estas enseñanzas ortodoxas, aunque no recuerdo haberlo dado a entender explícitamente, ni de palabra ni por escrito, sino de un modo indirecto, al hablar de otras cosas que con toda sinceridad creo que pueden demostrarse por natural juicio Así, en lo referente al Espíritu Santo o tercera persona, no lo comprendo de otra manera que como lo entendieron Salomón y Pitágoras, es decir, como Alma del universo compenetrado con el universo, pues según Salomón: “El espíritu de Dios llena toda la tierra y contiene todas las cosas”. “De este Espíritu, vida del universo, procede, a mi entender, la vida y el alma de todo cuanto tiene alma y vida. Además, creo en la inmortalidad del alma lo mismo que en la del cuerpo, pues en lo que a su substancia se refiere también el cuerpo es inmortal, ya que no hay otra muerte que la disgregación, según parece inferirse de la sentencia del Eclesiastes, que dice: “Nada hay nuevo bajo el sol lo que es serà”

Tenemos, por lo tanto, que Bruno no comprende el dogma de la Trinidad ni el de la Encarnación, según la fe ortodoxa, pero cree firmemente en los milagros de Cristo, de conformidad con las enseñanzas pitagóricas. Si bajo la implacable férula de la inquisición se retractó como Galileo, implorando clemencia de sus verdugos, hemos de considerar que la naturaleza física flaquea en el tormento ante la perspectiva de la hoguera.

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