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Las razones de la violencia en México

julio 28th, 2010 Posted in Cartas, Réplicas e Invitados

Eric Olson*

Las recientes informaciones sobre coches bomba en el centro de Juárez y la masacre de 18 jóvenes en una fiesta se parecen más a Irak que a México. Lamentablemente, esto dejó de ser una excepción para transformarse en algo común. Las noticias que vienen de México son cada vez peores, impactando hasta a los que fueron testigos de baños de sangre en países como Irak, Afganistán o la franja de Gaza. Pero la historia detrás de la violencia es mucho más compleja que las crecientes víctimas fatales y los coches bomba.

México vive uno de los momentos más difíciles de su historia reciente con el crimen, y la violencia está en un nivel que parece incontenible. Las últimas cifras oficiales mostraron que 24.826 personas fueron asesinadas por actos de violencia relacionados con el narcotráfico desde diciembre de 2006, cuando asumió como presidente Felipe Calderón. Un total de 78 mil personas fueron arrestadas por delitos vinculados al crimen y las drogas, y se confiscaron 75 mil armas. Según la prensa mexicana, hubo 286 asesinatos la semana pasada llevando el número de víctimas por el narco a 6.264 en lo que va de 2010. Poco menos que los 6587 asesinatos pero de todo 2009. Y todavía quedan seis meses del año.

A pesar de que hay problemas inherentes con las estadísticas del país -el método de recopilación de datos no está estandarizado, por ejemplo- el panorama general es de tragedia y terror para los ciudadanos de las zonas afectadas. Aunque la tasa de asesinatos de México está dentro del promedio latinoamericano, la violencia es cada vez mayor.

La ciudad de Juárez tuvo una tasa de asesinatos de 190 personas cada 100 mil habitantes en 2009, el nivel más alto de cualquier lugar del planeta.

¿Cuáles son las causas de esta violencia? Parecen ser el conflicto y la competencia entre grupos organizados (los llamados carteles) por el control de las lucrativas rutas para abastecer el mercado ilegal de drogas en los Estados Unidos.

EEUU es el consumidor de drogas ilegales más grande del planeta. Genera un estimado de entre u$s 70 mil y u$s 80 mil millones por año en ingresos, por lo que la competencia por el acceso a ese mercado es la principal fuerza que moviliza a los narcotraficantes. En los últimos tiempos, México fue testigo de una escalada de violencia porque los carteles pelean entre sí por el control de la plaza que les provee el acceso a los EEUU.

Algunos de estos conflictos son resultado de rivalidades dentro y entre los carteles, pero en otros casos es producto del accionar del gobierno contra algunos carteles y sus jefes que debilita a esa organización y la transforma en un objetivo tentador para otra organización.

El asesinato de Arturo Beltrán Leyva por parte de las autoridades mexicanas en diciembre de 2009 desató la rivalidad entre sus familiares y otros actores que buscan controlar la organización Beltrán Leyva y sus plazas entre la costa del Pacífico y la ciudad de México.

Otro factor que contribuye a la violencia es el cada vez mayor uso de armas automáticas y explosivos de los carteles. El crimen organizado mexicano usa armas que son más poderosas y mortales que las autoridades mexicanas y estadounidenses. Y la letalidad resulta en más muertes no sólo de delincuentes sino también de civiles inocentes, agentes de las fuerzas de seguridad y militares.

Lamentablemente, el proveedor de la gran mayoría de estas armas es EEUU donde los criminales no tienen inconvenientes para comprarlas.

Según cifras oficiales, casi el 90% de las armas confiscadas en México son del narcotráfico.

En este contexto, México cree que es urgente que los EEUU hagan algo más para detener el flujo ilegal de armas hacia el sur.

México también enfrenta importantes desafíos. Todos coinciden en que décadas de negligencia permitieron la penetración del crimen organizado en el Estado. Esto debilitó terriblemente a las autoridades para luego perseguir a los delincuentes.

Los sistemas judiciales y policiales son ineficientes y a menudo inefectivos. La confianza del público en el Estado, en consecuencia, es cada vez menor.

Según una reciente encuesta nacional sobre las víctimas del crimen, el 78% de los asesinatos no es informado a las autoridades porque, entre otras razones, se piensa que no tiene sentido, porque no se cree en las autoridades, porque son inefectivas o porque se tiene miedo a una venganza ya sea de policías corruptos o narcotraficantes.

La situación es compleja pero queda algo de esperanza. Tanto México como los EEUU están dando los pasos para solucionar algunos de los factores que generan violencia. Los EEUU están reorientando sus políticas de educación y prevención que si se sostienen en el tiempo pueden contribuir a bajar la demanda de drogas ilegales.

Mexico también está mejorando en la reorganización y profesionalización de sus fuerzas policiales y adoptando reformas judiciales que si se sostienen y se implementan, pueden hacer más transparente, menos corrupto y más efectivo al sistema judicial en la persecución de todo tipo de delitos.

Otro progreso es que ambos países están trabajando en conjunto para resolver los problemas. La noción de “responsabilidad compartida” está echando raíces y los dos países están buscando colaboración en vez de culparse mutuamente por lo que es indudablemente un problema a largo plazo.

Todavía quedan desafíos. Las reformas no se están produciendo rápidamente y estas políticas para reducir la violencia surtirán efecto recién en meses, tal vez años.  Sin embargo, parece que no hay corto plazo. Hacen falta respuestas rápidas para el problema del crimen organizado y sólo un abordaje en varias dimensiones a largo plazo tiene una posibilidad real de tener éxito.

* Eric Olson es experto en la relación Mexico-EEUU del Woodrow Wilson International Center de Washington, D.C.

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