
La señora Josefina Olmedo Bernal recibe de la regidora Lucina Victoriano Aguirre las cenizas de su hijo, trasladadas desde Tijuana hasta Acapulco, un gesto humano sin más comentarios que la admiración y respeto por dicha acción altruista de la edilesa. * Foto: Efecto Espejo.com
Ángel Miguel Blanco
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Tocó tantas puertas, le cerraron tantas puertas… pero no se dio por vencida.
En la secretartía general, como en la sala de regidores del ayuntamiento de Acapulco la hicieron dar vueltas y vueltas y de plano no “pudieron” ayudarla, aún cuando su dolor era más que evidente.
Doña Josefina Olmedo Bernal, de 70 y tantos años a cuestas, perdio a su hijo, víctima de la diabetes, en la frontera norte del país. Como no contaba con familiares su cadáver iba ser enviado a la fosa común, pero su madre, al ser notificada, movió cielos y montañas, aflijida, llorosa, para recuperar los restos mortales de su único hijo: José Manuel Rivera Olmedo.
Contrario a lo que esperaba todas las puertas le fueron cerradas, bueno, casi todas.

José Luis Ávila Sánchez. Hay acciones que no pueden ni deben soslayarse de "un politico de verdadero 10". * Foto: Archivo / Efecto Espejo.com
En la sala de regidores más de uno de esos ediles que reciben 110 mil pesos mensuales para sufragar gastos de esta índole y de partidos autodenomidados democráticos y justicieros, se hicieron los desatendidos y sencillamente se declararon incompetentes para ayudar a esta anciana de escasos recursos, impulsada por la fe y el amor de madre a buscar ayuda con un único proposito: rescatar el cuerpo de su hijo antes de que fuera sepultado lejos del hogar materno.
Cuando creyó todo perdido hizo el ultimo intento: negarse a creer que nadie le extendería la mano. Fue así como tocó una puerta más… con un final más que inesperado.
Pasaron días, el Semefo de Tijuana advertía una y otra vez que si nadie reclamaba el cuerpo se iría a la fosa común. Con el único respaldo solidario del secrtario de Finanzas del municipio, José Luis Ávila Sánchez, la regidora Lucina Victoriano Aguirre, envió a sus colaboradores –en avión– hasta Tijuana a encargarse del asunto.
Pero tampoco fue tan fácil.
Vueltas, otros vuelos de ida y vuelta… más vueltas, papeleos, trámites notariales, pero la regidora “no se rajó”. Hubo dinero “quién sabe de dónde” pero el objetivo se cumplió.
Ayer, viernes 20 de agosto al filo de 15 horas, en un acto emotivo, solidario, entre lágrimas de agradecimiento y abrazos afectuosos, se hizo entrega de las cenizas de José Manuel Rivera Olmedo a su madre, doña Josefina, quien finalmente lucía aliviada, acariaciando la cajita roja que contenía los restos de su hijo, agradeciendo a Dios y a la regidora por ese acto, ese gesto tan noble, tan humanitario finalmente realizado.
Obvio, Lucina Victoriano Aguirre cedió a las lágrimas. Y aunque no repicó campanas para este suceso, cuatro reporteros que pasaron a saludarla (Fulgencio Ramírez, Abel Torres, Eduardo Cotino y el autor de estas líneas), como coincidencia, dieron fe de lo ocurrido. Faltan palabras para describir a grandes razgos acciones como estas.
Punto.
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