Efecto Espejo
Ángel Miguel Blanco
massiosare@msn.com

Porcayo. Tiempo de vals, 1, 2, 3...
* Sin daños a terceros…
La suerte le socorrió desde el mismísimo momento previo a la instauración del gobierno de Manuel Añorve el 1 de diciembre de 2009, y pese al pesimismo de muchos supo sortear el primer año de mandato.
Lamentablemente hizo poco –casi nada– por acoplarse al estilo de un político vivaz, tenaz y –¿por qué no?– maquiavélico, pero con visión triunfadora como el hoy candidato de unidad del Partido Revolucionario Institucional a la gubernatura de Guerrero para el período 2011-2015.
Alejandro Porcayo Rivera se topó con la Sindicatua de Administración y Finanzas en pleno vuelo, pero salió avante, es lo importante. Sin embargo, cuando por primera vez le tocó suplir al alcalde (20 a 24 enero 2010) que había realizado la hazaña más histórica del PRI en Acapulco — rescatar el municipio en manos de la dictadura
monopólica perredista– se notó minúsculo en el cargo; es más, no pisó la presidencia por el pánico que, quizá, le causaba la sola sombra de Añorve Baños. Se atrincheró en su sindicatura pero no figuró ni en las notas pagadas de la famosa “chiquillada” que hoy abarrota su oficina, como encargado de despacho de la presidencia municipal desde el pasado 7 de agosto.
Y a eso vamos.
Pasados 18 meses de la adinisitración añorvista, Porcayo Rivera ya había aprendido a ser ecuánime, o por lo menos a aparentar esa cualidad, no obstante que una pesadilla lo mantenía al borde del insomnio: Fermín Alvarado Arroyo, ex amigo, emblema y maestro, represetando en el cabildo por dos mujeres de las cuales no daremos más detalles que sus nombres: Olga Salmerón Mendoza y Patsy Lizette Cortés Aguirre, quienes de plano le perdieron el respeto pero conservaron la compostura. “Hay cosas que no se perdonan fácilmente, y la traición se paga con creces”. Punto.
La segunda oportunidad le cayó a Porvcayo como anillo al dedo. Ya se había desgastado ante propios y extraños anunciando casi a los cuatro vientos su arribo a la presidencia municipal, pero esta “se pon
ía sus moños” cada vez que Manuel Añorve argumentaba paciencia para su destape como aspirante a la gubernatura del estado. Al “grupo” porcayista “se les quemaban las habas” y se mordían las uñas pero Añorve no se iba.
Finalmente, el 7 de agosto pasado hubo más júbilo en la Sindicatura de Administración y Finanzas que entre los propios añorvistas: Alejandro Porcayo Rivera asumió la presidencia municial, como encargado de despacho, por 15 días… y se llegó el tiempo del destrampe, del “¡ahora o nunca!”.
Para el lunes 9 los porcayistas estaban desatados: En menos de 48 horas perdieron piso, amigos y vergüenza.
Pero quienes salieron ganando fueron los pseudoperiodistas: los orejas, los espías, los polizontes, los madrinas del crimen organizado (que no tardan en robarle algun documento privado), los estafadores, los usureros, lidercillos de colonias y hasta ex convictos aglutinados en un selecto grupo denominado la “chiquillada”, al servicio exclusivo de Alejandro Porcayo, peyorativamente bautizado como “El Flautista de Acapulquelín”, solo que este, a diferencia del de la fábula original (El flautista de Hamelín) se llevó algunos hijos de Ratatouille a su guarida, donde saltan, brincan y bailan felices sobre el ladrillo porque tienen el poder y se sienten soberanos, intocables, inmunes, dueños del mundo, sin percatarse que el dueño de la flauta, Porcayo Rivera, por su falta de cordura, de ubicación, de visión y modestia, no logró figurar en la terna de la cual el Congreso del Estado elegirá al presiente interino constitucional del municipio de Acapulco, y sí, en cambio, dos de sus más amargas pesadillas: Vicente Trujillo Sandoval, a quien ve como rival, como sombra atada a su conciencia; José Luis Ávila Sánchez y Fermín Alvarado Arroyo, el peor de sus “cocos”… él sabe po rqué.
Pese a todo, con justa razón algunos miembros del cabildo ya han comenzado a hacer sus apuestas y prefieren a Porcayo sobre Trujillo y Ávila Sánchez porque “a Porcayo ya le pisamos la sombra, ya sabemos cómo doblegarlo, cuando venirle a golpear la puerta y qué hacer si se hace el sordo para no atendernos”, bromeó una regidora priísta a la que el Síndicio jamás puede negarle el acceso, aunque quisiera.
Quizá por esta razón el cabildo no tuvo empacho en autorizarle hoy 21 de agosto a Porcayo Rivera una prórroga para seguir en el cargo de cuidandero del changarro hasta que se nombre al relevo oficial de Manuel Añorve.
![[P1210381+conferencia.JPG]](http://2.bp.blogspot.com/_9NBOVV49ikg/S2kJ-qOE-4I/AAAAAAAAAKI/vwvf72UrIcA/s1600/P1210381%2Bconferencia.JPG)
- Fermín Alvarado. ¿En “Caballo de Troya” hacia el interinato?
Ojalá recapaciten… por el bien no de los que se fueron del círculo amistoso del Síndico, sino de su propio orgullo, el orgullo de los porcayistas que ya gritan, que ya ordenan, que ya ningunean, que ya excluyen, que ya avarician, que ya conforman una secta, porque aunque duela decirlo, una vez que la melodía termine quedarán reducidos a cenizas, seguros tal vez en su grupúsculo, pero con decenas de flautistas reales con ganas de sacarlos de su madriguera. Y eso… eso duele más que un dedo flamígero en un orgullo lapidado.
¡Pobre “chiquillada” que cae rendida ante el arrullo de los porcayistas, porque mientran se arremolinan con sus grabadoras y cámaras dañadas y sin pilas representando a lo más selecto de los fantasmagóricos diarios del orbe donde saldrá Porcayo en ocho columnas y en primer plano… su secretario privado, Arioste Rocha, se pitorrea de “las pinches pedaceras” a las que sabe cómo calmar con “pinches 100 ó 200 pesos”, porque “no valen más” esos “pinches mugrosos”!
Lo bueno es que ambos bandos así son felices: Los porcayistas convocando a puros pseudos y la chiquillada contenta estirando la mano y haciendo bulla para que vean que el encargado de la presidencia tiene poder de convocatoria con la prensa de Acapulco, aunque lo importante sea ganarse la medalla ante la sociedad harta del vació de poder que se percibe en el gobierno municipal desde hace, precisamente, ya más de quince días.
(Si no fuera por los aciertos del secretario general de gobierno, Vicente Trujillo Sandoval, o del secretario de Finanzas, José Luis Ávila Sánchez, ante el cabildo y la sarta de pronblemas más evidentes, la imagen oficial fuera un caos.)
Ojalá recapaciten, reiteramos, están a tiempo: se puede conseguir la gloria con detalles insignIficantes. El infierno es gratuito para los soberbios, para los sectaristas, para los que se embriagaron con un Frutsi o perdieron el equilibrio al subirse en un ladrillo… y de paso, perdieron también autoridad, respeto, pues ¿cómo es posible que ni la propia secretaria del director de Comunicación Social, Maricarmen Ayala, obedezca las órdenes del encargado de despacho en la presidencia, por ejemplo, argumentando enfática, sin titubeos, que el único que manda en esa oficina se llama Bismarck Villanueva, no Alejandro Porcayo?
Pero esa es otra historia que ya se cuece en la sartén…
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