Yo, ciudadano: Los discursos de Zeferino

Gustavo Martínez Castellanos
gustavomcastellanos@gmail.com
www.efectoespejo.com

Los señalamientos que el gobernador Zeferino Torreblanca hizo sobre miembros y dirigentes del PRD al semana pasada tienen diversas lecturas. Una de ellas perfila por entero a su gobierno; otras, a la clase política local, y una más, el futuro de Guerrero.

De la entrevista realizada por un programa radiofónico en la residencia oficial este 31 de agosto, puede extraerse el párrafo que da pie a estas visiones: “el PRD -dijo-, se ha convertido en el PRD SA de CV, y tuvo una alianza estratégica con otras sociedades mercantiles y juntos van a tener como objeto social fundamental el lucro, para que no se pierdan las canonjías, los puestos, las migajas que deje el gobierno, para seguir siendo un parásito y un burócrata de la izquierda, que cambian de un día para otro y que elegantemente se dicen unificarse, pero en mi tierra les dicen camaleones, que son traicioneros a sus principios, que tanto han criticado a este gobierno”.

Como ciudadano, el gobernador sólo hizo uso de su derecho a opinar. Como político, el escenario cambia, porque parece que lo hace desde la oposición. Y, al no proporcionar nombres, en realidad parece que no dice nada. Pero lo dice. En cambio, como gobernador que es, comete un delito tipificado en nuestros reglamentos: el encubrimiento.

Que diga que el PRD en alianza con otros partidos es una sociedad mercantil con fines de lucro es  mucho más que un desliz de su formación profesional empresarial porque en realidad él vio así el ejercicio gubernativo desde que era Alcalde de Acapulco. En ese “objeto social fundamental de lucro”, dio manga ancha a los “civiquistas” que lo elevaron desde el inicio de su periplo político y quienes desde muchos rubros “modernizaron” el equipo del Ayuntamiento y, desde otros, pavimentaron, pusieron luminarias, botes de basura y otros aditamentos en nuestra ciudad. No sólo eso: también se hicieron de “buena prensa” y apoyaron con dinero campañas y compra de votos en los siguientes comicios. Una vez expandido su poder, el PRD tomó como “cajas” las Secretarías de Finanzas de todos sus Ayuntamientos ganados: de ellas ha extraído dinero también para apoyar luchas sociales (vs La Parota, p. e.) y defensa de plazas (la toma del zócalo capitalino) además de proporcionar buena vida a sus dirigentes, familiares y amantes. La visión empresarial y el lucro no son nuevos; que el gobernador lo denuncie, sí; porque sabe quiénes son los que gozan de “canonjías, puestos, y migajas del gobierno”, y quieren continuar “siendo parásitos y burócratas”. El gobernador nos debe a los ciudadanos los nombres y apellidos de todos ellos. Y la aplicación irrestricta de la justicia.

Sin embargo sólo juega; amaga, finta cuando dice que en el PRD “hay cínicos que están contentos y felices porque toda su vida cobraron”. “Hay un cínico que la hace de senador, que en las noches –en casa Guerrero- se le caían las bolsas llenas de dinero después de sus estados etílicos” “esos que aprovecharon (y que) recibieron plazas para sus hermanas, familiares, que ahí las tenemos identificadas y algunas dadas de baja”.

Cuando René Juárez dejó el poder había cuatro mil aviadores en la SEG; para 2008 –a dos años y medio del gobierno de Zeferino- ya había diez mil. Hoy, no sabemos. Pero el gobernador sí lo sabe. Tiene que saberlo: es el gobernador. ¿Por qué no lo dice? ¿Por qué no amplía su denuncia y hace que la Procuraduría la ejecute? ¿Por qué?

Porque su decir sólo es coyuntural. Desde el inicio de su gobierno marcó distancia con el PRD aduciendo que como gobernador no tenía “fierros electorales”. En ese mismo tenor invitó a pocos perredistas a su gabinete y evitó acompañar al Peje en su “toma de posesión”. Sin embargo, se ha documentado que utilizó todos los medios a su alcance para formar una nueva tribu en el PRD. Que utilizó recursos públicos para privilegiar a sus candidatos y a todos aquellos que se sumaban a su proyecto. Y que hostilizó a luchadores sociales, políticos, funcionarios y periodistas. Con Zeferino había de dos sopas: “conmigo o contra mi” en un juego en el que el objetivo era acumular todos los medios del poder y, al final, manipular la sucesión gubernamental.

Así, alentó la competencia entre todos los actores: los de su grupo y los de otros grupos e inclusive de otros partidos. Además ha retenido las anomalías que han detectado las dependencias de rendición de cuentas; con ello, mantiene a la expectativa a alcaldes, secretarios, senadores, diputados, líderes y todo aquel que pueda ejercer un contrapeso a su mandato. En ese entramado -hay que reconocerlo- Zeferino “hiló fino”. Siempre comparando las columnas de “entrada” y “salida” de su cuaderno contable, sabría en qué momento podría levantarle la mano al vencedor porque él lo habría hecho ganar para cubrirle las espaldas a su salida. Eso explica el surgimiento subrepticio de personajes como Ríos Píter y la excesiva confianza de Añorve por ser gobernador.

Empero -al fin contador y empresario- Zeferino nunca tomó en cuenta la mutabilidad del espíritu  humano y no previó que Aguirre Rivero decidiera no disciplinarse a su partido ni que alcaldes y perredistas que accedieron a prebendas y canonjías en su gobierno –a pesar de tantas coacciones- fueran a apoyar al expriísta. Todo ese tiempo Zeferino creyó que hacía política de altura, que había logrado erigirse en “el gran elector”, que estaba formando un maximato y que podría, inclusive, darle lecciones de política a sus predecesores y a quien lo sucediera: “¿Ya ven? con criterios empresariales sí se puede gobernar aún un estado problema como Guerrero”. Y ¿por qué no? salir en la próxima foto; al lado de Nogueda Otero, Figueroa, Juárez Cisneros… y Añorve.

La coalición de partidos de izquierda –y, si se les une el PAN, de todos los partidos- le reventó la burbuja. No sólo eso. Propició que todas sus alarmas se encendieran: con todos esos partidos en su contra, tantos líderes y luchadores sociales agraviados acusándolo de tantas cosas y con tantas pruebas. Su salida de Casa Guerrero significaría también su salida del estado y del país. Un autoexilio vergonzoso. La noche de Varennes.

Esa idea hizo que emitiera ese barrunto. Una rabieta producto tal vez de un único chispazo de lógica que le hizo ver –tardíamente- que “en política nada está escrito”.

Su reacción, entonces, fue “salpicar”, incluir a sus cómplices del PRD –“camaleones, cínicos, etílicos, bandoleros y mercenarios”- en los errores de su gobierno. Así, en caso de caer vergonzosamente, ellos caerían con él. O lo salvarían para salvarse.

Esta última estratagema le está funcionando: los aludidos han decidido hacer mutis, “No le seguiremos el juego de descalificaciones”, han dicho. Y con ello han pactado.

Zeferino le debe al pueblo de Guerrero esos nombres y la consignación de los delitos que han cometido. Debe poner a la Procuraduría, a la Auditoría y a la Contraloría a buscar a esos corruptos y aplicarles la ley por haber usado al gobierno como una “sociedad mercantil que tiene como objeto fundamental el lucro”. De lo contrario esa casta proterva que es la nueva clase política continuará reprimiendo cualquier intento de cambio hasta asfixiar el nacimiento de un nuevo Guerrero. Zeferino debe pensar en el destino de los guerrerenses antes que en salvarse a sí mismo. Después de estos seis años de gobierno, nos lo debe.

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