Plata o Plomo
Felipe Victoria Zepeda
selvicz@hotmail.com
Me encantaría saber si la Señora Procuradora Martha Elba Garzón Bernal, cuasi flamante procuradora de Justicia del Estado de Guerrero, tercera emergente al bate en la administración del Gobernador Angel Aguirre Rivero, tiene a la mano el conteo de asesinatos proditorios no esclarecidos cometidos en Guerrero, desde que en el año 2005 un pueblo hastiado del PRI eligió a un empresario jalisciense de nacimiento, solo porque lo postularon el PRD y el entonces naciente Convergencia.
Creo que me sobran dedos de las manos para hacer un recuento de casos que fueron sonados pero jamás investigados, pues entonces la prudencia precavida, la ineptitud y la complicidad dictaban las órdenes en ese aciago sexenio; fuera lo que fuera, eran solamente “casos aislados” en que la ex policía perjudicial y después llamada “investigadora ministerial”, se cruzaba de brazos, mientras el castrado Ministerio Público se limitaba a las diligencias elementales del levantamiento de cadáveres y entrega a los deudos para su inhumación, pero de investigar los hechos… ¡ni madres!
Inventar supuestos robos ocasionales en las calles o líos de faldas, incluso venganzas de la guerrilla fingida o maiceada era el común denominador; quien se atreviera a cuestionar los procedimientos de las dependencias era acosado o silenciado.
Se le ocurrió al cantante. motociclista e ídolo popular y amarillo de “la raza” querer ser Alcalde de Acapulco, como para que le pagaran la factura de enseñarle a hablar en el lenguaje coloquial del pueblo a quien en febrero del 2005 ganó las elecciones contra el priísta Héctor Antonio Astudillo Flores, traicionado desde las entrañas de su partido y los rumbos discotequeros del puerto.
Un gran priísta no solo por su estatura física sino moral como político luchón, identificado por la gente como Abogado prominente, ex procurador, Secretario General de Gobierno y Notario Público, pretendía por enésima vez lanzarse por la Presidencia Municipal; merecidamente iría a ganar si es que la traición y el crimen organizado no se aparecía en la escena aquella mañana del miércoles 6 de julio del 2005 a las 08:40 hrs, en las inmediaciones de un famoso y tradicional Hotel y Restaurante de La Quebrada, donde se admiran los valientes clavados internacionalmente aplaudidos.
En vida respondía al nombre de José Rubén Robles Catalán y si algo le sobraba eran amigos y compadres, pero esa mañana algunos hicieron todo por evitar que de última hora se registrara como precandidato a la alcaldía de Acapulco al atardecer.
Toda proporción guardada, el silencio cobarde de los priístas de Guerrero se pareció en mucho al de los correligionarios de 1994 en el caso Colosio, ¿tanto era el miedo al nuevo gobernador y su camarilla tolerante a la coexistencia de varios cárteles en el emporio turístico?
Como lo apunté en mi libro “Sólo los Muertos tienen perdón”, proscrito en esa nefasta administración, el asesinato de Robles Catalán desató la narcoviolencia en Guerrero, plaga desastrosa de la que aún no logramos salir pese a la ayuda de la Policía Federal Preventiva y los elocuentes discursos de altos funcionarios del Gabinete, por la sencilla razón de que no se ha podido depurar una indeseable policía municipal, cómplice de mafias y avasallada a la ley de plata o plomo, pues los compromisos oscuros resultan evidentes así cambien de jefazos más seguido que de zapatos.
Vaya un paquetito enorme que le espera a Luis Walton Aburto y su equipo, que no podrán ponerse a regalar perdones aunque otro mal y reciente alcalde tricolor haya empeorado todo, hasta dejarnos indefensos a los acapulqueños en manos de los extorsionadores impunes y sin cuentas claras.
Mis condolencias a los familiares de mi especial y admirado amigo Don José Rubén Robles Catalán, que en paz descanse; siete años ya de impunidad y disimulo por parte de la Procuraduría de Justicia guerrerense.






