RESPUESTA LÓGICA
Querida Profesora (¿o será profesor?) de castellano y literatura: W. Molina, Licenciado en Castellano y Literatura (y no en Castellana y Literaturo) (sic)
Como usted comprenderá el idioma no es un ente recto, inamovible y exacto –debería saberlo por su profesión- las lenguas son vivas, se nutren, cambian y modifican con el uso y con el tiempo; las regiones, los estratos sociales, la diversidad cultural, el devenir y uso cambian de modo que no es la regla la que hace al hablante, sino el hablante quien construye reglas y usos que la transforman.
De este modo el castellano –al igual que todas las lenguas del planeta- se remozan en su temporalidad y construyen –de acuerdo a las circunstancias y la ideología- sus modos de hablar, sus constructos gramaticales, sus acuerdos comunicativos, sus maneras de expresarse y las habilitan y cambian.
¡Si! la ideología es una de las herramientas que más intervienen en la construcción gramatical y en el uso del idioma, así tenemos que el porvenir incierto es “negro” debido al racismo imperante cuando dicho término se impuso, ser indio es ser “ignorante” ya que el uso, abuso y dominio imperante en la colonialidad le atribuía a los indígenas dicha condición –mientras eran esclavizados y torturados y el “trabajador” blanco colonial les pegaba con el látigo para que cumplieran con su “deber”.
De esta manera podemos comprender que la gran cantidad de metáforas, términos, alusiones, construcciones gramaticales y modismos en las lenguas disfruten del “marco ideológico imperante” para subjetivar, aludir, señalar y reforzar ideologías y formas de dominio que imperan sobre otras y como las “reglas” son a su vez parte de ese entramado ideológico e ideologizante que le dan, le otorgan, le entregan al “bien hablado” una “superioridad” sobre el común de las personas.
Ahora bien la mujer –ese género excluido, dominado, minimizado e invisibilazado por siglos y siglos al cual UD pertenece- ha sido excluida del grupo humano en muchísimas formas, esto es fácilmente comprobable con una pequeña revisión histórica –derecho humanos, al voto, al ejercicio de profesiones, a cargos públicos, a expresarse, a opinar, a ejercer su sexualidad, etc.- tratada como una “minoría” -cuando son el 50 % de la humanidad-, sin hablar de otros horrores al que se han visto sometidas –quemadas como brujas, extirpación de clítoris, esclavas, vejaciones, violencia de género, etcétera- que no dejan de ser importantes pero que no el intrigulis de esta respuesta.
En definitiva, el aporte que se hace dándole sentido y fuerza al uso del lenguaje de género es una vindicación necesarísima para visibilizar y colocar al género femenino en el justo lugar que le corresponde. Quizá ud. tenga razón en algunas reglas gramaticales que defiende con tanta vehemencia – la aseguro que si avocara la misma para la defensa del género al que pertenece, tendríamos gran parte de la pelea ganada- pero con ello esconde la verdad de lo que la motiva y que no es otra que “demostrar” que mientras los presidentes sudamericanos progresistas son unos “mal hablados” los de derecha como Bachelet (me extraña que no hubiera aludido a algún buen ejemplo de Álvaro Uribe) son la demostración de la cordura y el “bien hablar”, dicho de otro modo una razón i-d-e-ó-l-o-g-i-c-a.
Triste posición, que como dije al principio, defiende las reglas y no la justicia; coloca la “juricidad” por encima del sentido común demostrando que está tan pendiente de las reglas que obvia la realidad, triste verdad de la posición conservadora.
Por último la “sonoridad” del lenguaje de género puede sonarle mal a usted y muchos que como usted piensan que las cosas deben permanecer inamovibles, gracias a Dios cada día se avanza más y más en los derechos del hombre Y LA MUJER.
Alfredo Canale, sin más licenciatura que el grito del excluido y la excluida.