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Guerrero y la guerra entre cárteles

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] Efraín Flores Iglesias

La violencia que se vive actualmente, es producto de una larga lucha intestina entre los cárteles del narcotráfico por el control de las rutas para el trasiego de drogas. Y esto se empezó a agravar en el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, quien en su afán de legitimarse en la Presidencia de la República le declaró la guerra al crimen organizado el 11 de diciembre de 2006, en su estado natal: Michoacán.
Creyó que iba a mejorar las condiciones de seguridad en el país, pero no fue así. Calderón le pegó al avispero. Se enfrascó en atacar y desarticular a dos cárteles en particular: Los Beltrán Leyva y La Familia Michoacana. Y para ello sacó al Ejército y a la Marina a las calles, sin importarle desprestigiar más de la cuenta a ambas instituciones.

Desde luego que la estrategia del gobierno calderonista fue cuestionada por diversos sectores de la sociedad. Dirigentes de partidos políticos, organismos no gubernamentales y empresarios fueron los primeros en dar el grito al cielo, ya que las fuerzas armadas no estaban facultadas para esa misión, sino para resguardar la soberanía nacional de una invasión extranjera o para apoyar en desastres provocadas por fenómenos naturales.

El 22 de enero de 2008 elementos de las Fuerzas Especiales capturaron en Culiacán, Sinaloa, a Alfredo Beltrán Leyva, “El Mochomo”, a quien las autoridades ubicaban como uno de los principales capos del cártel de Sinaloa cuya cabeza más visible es Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, lo que generó un rompimiento entre los hermanos Beltrán Leyva con Guzmán Loera, al considerar que éste había pactado con el gobierno la captura de “El Mochomo”.

Calderón aprovechó muy bien la situación y atacó con todo a Los Beltrán Leyva en sus principales bastiones: los estados de Sinaloa, Guerrero, Morelos, Puebla y Querétaro.

El 16 de diciembre de 2009, alrededor de 200 efectivos de la Marina movilizados por tierra y aire, cercaron el edificio residencial conocido como Altitude, en Cuernavaca, Morelos, en donde se encontraban Arturo Beltrán Leyva, mejor conocido como “El Jefe de Jefes”, “El Botas Blancas” y “El Barbas”, máximo jefe del cártel que lleva sus apellidos, y Jesús Nava Romero, “El Rojo”, el jefe de las plazas de Guerrero y Morelos, así como de otras personas.

Los marinos ya le seguían los pasos al capo sinaloense y al aproximarse al edificio Altitude, fueron recibidos a balazos por sicarios. Fue así como inició una batalla campal que duró cerca de 90 minutos, según fuentes oficiales.

“El Jefe de Jefes”, “El Rojo” y otras cuatro personas perdieron la vida en el enfrentamiento.

Para Felipe Calderón y el gobierno norteamericano fue una victoria en contra del crimen organizado. Lo peor estaba por iniciar.

El cártel de Los Beltrán sufrió una escisión. Héctor Beltrán Leyva, “El H”, tachó de traidor a Edgar Valdez Villareal, “La Barbie”, y le declaró la guerra. Guerrero y Morelos, fueron los campos de batalla entre ambos narcotraficantes. Meses después fueron detenidos.

Y el asunto no terminó ahí.

En la Sierra y Chilpancingo surgen “Los Rojos”, comandados por familiares de Jesús Nava Romero, y que posteriormente se extendieron a otras regiones de Guerrero y en el estado de Morelos.

En Iguala se constituyó el grupo criminal “Guerreros Unidos”, cuyo fundador fue Cleotilde Toribio Rentería, “El Tilde”, capturado en julio de 2012 por el Ejército en Santa Fe, Distrito Federal. Sus sucesores fueron Mario Casarrubias Salgado, “Sapo Guapo”, Marín Souza Nevez y Sidronio Casarrubias Salgado, detenidos en 2014 y recluidos en penales de máxima seguridad.

Los Guerreros Unidos han sido responsabilizados por el ataque armado y la desaparición de normalistas de Ayotzinapa, la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014 en el municipio de Iguala, gobernado en ese entonces por el perredista José Luis Abarca Velázquez, quien supuestamente dio la orden de detener a los normalistas para que no irrumpieran en el informe de labores de su esposa María de los Ángeles Pineda Villa.

Los Rojos y Guerreros Unidos han protagonizado sendos enfrentamientos por el control de la región Norte.

De Los Beltrán Leyva también surgieron Los Granados, grupo que tiene su base de operaciones en el municipio de Tecpan de Galeana, en la región de la Costa Grande del estado de Guerrero, y que mantiene una guerra contra “Los Caballeros Templarios”.

En Acapulco surgieron el Cártel Independiente de Acapulco (CIDA) y el “Comando del Diablo” o “La Barredora”. Y en los últimos años se recrudeció la violencia en el puerto por el control de la venta de drogas.

No hay que olvidar que a los hermanos Beltrán Leyva y el Chapo Guzmán les gustaba vivir en Acapulco.

Era su paraíso.

Entre más descabecen a los grupos criminales, surgen otros. El asunto es que ya no respetan códigos. Es una lucha que nadie puede parar.

Las autoridades se hacen de la vista gorda, ya que algunos representantes populares son financiados por la mafia en sus campañas. Y que conste, no estoy generalizando.

La sociedad está harta de que los delincuentes generen terror en la entidad, a tal grado de que en algunos municipios han surgido grupos de autodefensas para enfrentar a los criminales. Lo grave de todo es que algunos de esos grupos de autodefensa terminan siendo protectores de los que iniciaron combatiendo.

Las policías y las fuerzas armadas tampoco cantan mal las rancheras. Han sido evidenciadas en infinidad de ocasiones por servir al crimen organizado.

Urge que el gobierno federal implemente una medida de seguridad más inteligente para reducir el índice delictivo en Guerrero y otras entidades de la república.

Mañana continuaremos hablando más del tema.

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