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Un muro de humo

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“México ha sido la piñata fácil de la contienda norteamericana porque no ha hecho la tarea esencial. La mediocridad de nuestro desempeño económico, la disparidad de sus cargas y beneficios, el escándalo permanente de nuestra vida pública y la inseguridad bárbara de la última década nos convirtieron en el más redituable de los enemigos.

El portazo del norte nos coloca, otra vez, frente a nosotros mismos”, escribió ayer Jesús Silva-Herzog Márquez en Reforma. Y en lo que ahí se lee podemos pensar en mil y un cosas que son temas pendientes en nuestra realidad. Todos asuntos en los que el Estado se ha quedado corto. Por algo es que tantos se van a EU buscando las oportunidades que aquí no existen.

Y no sólo las de cubrir las necesidades más básicas, sino también las chances que les permitan desarrollar sus talentos, la libertad para hacer y proponer lo que en México termina dinamitado en las montañas de la burocracia, la ilusión de desplegar todo su potencial individual y no quedar sepultado en el casi siempre mezquino impedimento de lo colectivo. México es un país de riqueza cultural y humana, pero no podemos hacer como que la Virgen nos habla todo el tiempo y pretender culpar a asuntos externos la situación de la que sólo nosotros somos culpables.

Nos espantamos de las deportaciones, nos queda claro el contexto de discriminación que hay en tal política, pero no es un asunto nuevo. Llevamos años recibiendo de vuelta a millones de mexicanos que cruzaron la frontera norte de forma ilegal. El terrible fenómeno Trump no debe ser pretexto para que sigamos evadiendo nuestras culpas; nos debe obligar a una autocrítica rigurosa y no a una temporada de lamentos sin propuesta. Ahora los políticos hacen “pronunciamientos” ante la expectativa de la presidencia que encabezará el republicano, pero a muchos de ellos les preguntaría qué han hecho para contrarrestar los problemas con los que aquí vivimos. Y su respuesta, lamento decirlo, será pobrísima cuando no totalmente inexistente.

De Trump podemos hacer una larguísima lista de posicionamientos inadmisibles, misóginos, discriminatorios… vaya, estúpidos, pero también otra lista de igual tamaño de los problemas que a los mexicanos se nos han ido acumulando por culpa… ¡de los mexicanos! En EU se está comenzando a subrayar un tema de “conflicto de interés” en el actuar de Trump que podría acentuarse conforme se vaya concretando el equipo que lo acompañará en el gabinete. De entrada, debe explicar el hecho de que sus hijos sean parte de su equipo de transición si ellos serán quienes se hagan cargo de sus negocios durante su mandato.

Los políticos mexicanos podrán hacer foros y mesas de discusión al respecto, pero ¿ya se olvidaron de los conflictos de interés que a ellos se les han señalado? ¿Con qué cara le van a decir que es un corrupto? ¿Con qué cara que es un mentiroso? Lo mismo aplicará en los temas de racismo y falta de protección a las minorías. ¿No acaban casi todos ellos de enterrar la iniciativa de Peña Nieto para la ampliación de derechos de la comunidad LGBTTTI? ¿No son todos ellos tan misóginos —en público y en privado— como Trump? Le prometo, querid@ lector@, que veremos a casi toda la clase política tendiendo no una cortina, sino un enorme muro de humo, culpando a Donald Trump de todo lo que pase en nuestro país con tal de evadir sus propias responsabilidades u ocultar sus vergüenzas personales.

El próximo Presidente de EU es impresentable, pero aquí no va a faltar quien quiera aprovechar para hacerlo responsable de nuestros males y evadir sus propias responsabilidades. Trump no es responsable de que tantos mexicanos hayan tenido que abandonar a su familia, a su tierra, su vida entera, para buscar un mejor porvenir. Ni de que existan políticos como Javier Duarte o Guillermo Padrés (y sus similares). Trump no es ni será el culpable de que no logremos ser un país eficiente y competitivo sin pasar por el tamiz del compadrazgo, de los moches y de la corrupción; no es responsable de que aún hoy se violen los derechos humanos. Ni de nuestros “lords” y nuestras “ladies”.

Ni de que aquí cada mexicano vea cómo demonios puede “chingarse” al de enfrente. Y los tantos etcéteras que nos hacen un país sin la autoridad moral que se necesita para reclamarle a Trump o a cualquiera otro. Porque, parafraseando a Chucho Silva, la virtud de Trump será que nos obligará a revisar nuestras propias miserias nuevamente y a ver si ese reflejo ahora sí nos obliga a construir el muro (muy concreto y no de humo) de decencia y autoridad moral que nos permita reclamarle a Trump y a cualquiera otro cuando quiera vulnerar nuestros derechos.