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FGE: Marcadas diferencias

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] El Brujo Chiripero

Cuando teníamos al fiscalito acusado de sostener vínculos con el crimen organizado y no sabíamos qué hacía ni a qué intereses servía, además de los su patrón, cuyo nombre es de casi todos conocido, nadie se quejaba.

Ahora que existe un Fiscal que, aunque no es perfecto ni hecho a la medida se nuestras exigencias, pero informa diariamente de sus actividades, supervisa personalmente operativos e investigaciones de cualquier delito y vigila que todo esté en orden en las oficinas de la FGE en cada una de las regiones del Estado y actualiza a su personal para que sea más eficiente, osamos exigirle como si fuese el Gobernador o el Presidente de la República y, de paso, le criticamos todo lo que hace, como si de él dependiera absolutamente el fin de la inseguridad y la violencia y los grupos criminales apadrinados o solapados por los más encumbrados niveles de poder a nivel nacional, a los que ni las Fuerzas Armadas se atreven confrontar porque o son superadas en armas o inteligencia o simplemente por órdenes ‘desconocidas’ desde los altos mandos de “las manos que mecen la cuna” del narcocrimen.

Está bien exigir, está bien criticar, pero con respeto y sin olvidar la parte primordial que nos corresponde como ciudadanos, sobre todo en lo que respecta con la educación de nuestros hijos para evitar que en el futuro siga creciendo la cadena de delincuentes en potencia.

Informar lo que hace es deber de los servidores públicos; creer que informar es sinónimo de proselitismo político es de mentes obtusas, aviesas y ociosas, prestas a destruir en lugar de coadyuvar a construir y/o fortalecer una verdadera democracia o proyecto de gobierno.

Al anterior ‘fiscal’ se le tenía pavor a su soberbia, a sus desplantes de divo; era más fácil tener contacto con el Gobernador que con Xavier Olea Peláz. Aunque su rango e investidura no es distinta, Jorge Zuriel De los Santos es proclive a las amistades, al trato personalizado y al trabajo exhaustivo y transparente, en casos que competen a la injerencia pública, obviamente.

En cuestión de seguridad, AMLO prometió que desde la toma del poder comenzaría a disminuir la violencia. De diciembre a mayo van a 14 mil homicidios dolosos, pero no se le critica porque es el santo en turno a los que 30 millones de mexicanos le tienen devoción y respeto míticos, cuando —guste o no— es el principal responsable de todo lo que ocurra en el país en todos los aspectos sociales, incluida la asignatura se seguridad pública.

¿Cuánto pagó el Fiscal por estas líneas?

Respondemos antes que alguien pregunte, con jiribilla: “¡Nada!”.

Agradecemos la amistad inmerecida de un personaje como De los Santos que, pese a su investidura y múltiples responsabilidades, se las ingenia para estar atento con todos, según sus posibilidades.

Ser amigo del Presidente o el Gobernador es un lujo, pero serlo de alguien que está para cuando se le necesita, de manera incondicionada… “¡no tiene precio!”. Lo mínimo que podemos hacer es estar agradecidos con amistades así.

Criticar sin injuriar y alabar sin zalamerías
— Manolo Pano de la Barrera.

P.D. Sin daños a terceros…
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