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El Peje y sus viejitos

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] Adrián Rueda

Para Andrés Manuel López Obrador no hay mayor bastión que el de los viejitos, ésos que aún lo recuerdan porque les dio su tarjeta de pensión, que se convirtió en el estandarte de su paso por el Gobierno del DF y que aún subsiste.

Por supuesto que no está nada mal que haya apoyado a la gente de la tercera edad, ni que los beneficiarios de sus programas se lo agradezcan, pero eso no justifica que Morena, su nuevo partido, esté operado por viejitos en el DF.

México es un país de jóvenes y si el discurso de López Obrador es cambiar las viejas formas de hacer política, debió echar mano de los jóvenes como dirigentes, no tan sólo como carne de cañón electoral cada seis años.

Para nadie es un secreto que El Peje y su equipo concentrarán la mayoría de sus esfuerzos en el DF, esperando que con el apoyo de algunos radicales y de la tercera edad les alcance para obtener los votos que le permitan conservar su registro como partido.

Por ello decidió —sin consultar a nadie, faltaba más— nombrar a sus 16 representantes delegacionales en el DF. Martí Batres, presidente nacional, y David Cervantes, líder local de Morena, se enteraron por la prensa de los nombramientos de su guía.

Dicen que si El Peje le hubiera echado más coco que hígado, no hubiera encargado esos trabajos a personas de casi 80 años como José Agustín Ortiz Pinchetti, que si a duras penas puede andar, seguro no tiene ya energía para recorrer la Miguel Hidalgo.

Lo mismo le puede ocurrir a Jesús González Schmall, de 72, en Benito Juárez; a Martha Pérez Bejarano, Pablo Moctezuma Barragán, Bertha Luján o Ramón Jiménez, todos setenteando, a los que puso a operar en Álvaro Obregón, Azcapotzalco, Coyoacán y Gustavo A. Madero, por ejemplo.

Sus rivales los van a despedazar, y no tan solo porque son más fuertes y jóvenes, sino porque tienen la estructura para anularlos en los territorios, donde los pejistas ni las manos podrán meter.

Entre los ungidos por El Peje para que “le controlen” las 16 delegaciones hay inconformidad porque ni siquiera les preguntó si querían. Solamente los nombró y les dijo que era su responsabilidad, lo que los tiene molestos.

Saben que harán el ridículo y por eso algunos de ellos más vivos, como Ricardo Monreal en Cuauhtémoc, ya decidió que de tonto se lanza para jefe delegacional; irá como candidato a diputado local para hacer su grilla en la Asamblea Legislativa del DF en 2015 y luego ver si se candidatea en 2018 para el GDF.

De los demás no vale la pena ni hablar, son los colaboradores de siempre del tabasqueño, que se quedaron en las glorias pasadas y que hoy buscan desentumirse con lo que su líder les quiera ofrecer.

Porque Morena es de López Obrador y nada más hay que echarle ojo al Consejo Nacional, integrado por uno de sus hijos, uno de sus hermanos; 12 colaboradores de su gobierno en el DF y 11 de sus propuestas para su gabinete presidencial para que no haya duda.

Al menos un tercio del Consejo Nacional de Morena son colaboradores cercanos y lo han acompañado en los últimos 12 años, desde el gobierno de la Ciudad de México.

Morena es, en síntesis, otro partido familiar, manejado a placer por el dueño, por lo que de hoy en adelante El Peje no podrá acusar cómo una familia maneja el Partido Verde, por ejemplo, pues estaría escupiendo para arriba.

Habrá que ver hasta dónde le alcanza al tabasqueño con sus viejitos en la lucha que está arrancando.